MIMANDO A NUESTROS ASESINOS

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Honjo y Allison acaban  de ganar el Nobel de Medicina 2018 por sus trabajos en inmunoterapia. Por su parte, Ishino y otros investigadores, entre los cuales el español  Martínez Mojica, investigan creando alteraciones genéticas en nuestros linfocitos para que puedan combatir un tumor. Este se genera y crece porque en algunos casos los linfocitos no logran reconocer las células malignas. La manipulación genética permite que los linfocitos destruyan las células tumorales. Los derivados de las manipulaciones genéticas heredan las mismas propiedades de sus progenitores.
Llama la atención la incapacidad de falta de reconocimiento de una célula invasora. Como si los centinelas de un castillo se durmieran dejando pasar a unos asaltantes por los portones dejándoles entrar como si tal cosa.
Visto así, no parece extraña la afirmación de un manual chino del Arte de la guerra que sostiene: “Lo primero que debe saber un militar es que el enemigo existe.”
La falta de reconocimiento del enemigo recuerda la película de Joseph Losey “El sirviente”: Una pareja de ancianos acaudalados son cuidados por otra pareja de sirvientes. Estos serán siempre solícitos hasta que, dándose una inversión de roles, lograrán hacerse los amos de sus anteriores protegidos y de sus posesiones, Una oda minimalista a la lucha de clases.
En un baile de máscaras nadie conoce quien se oculta tras el disfraz. Todos parecen amigos invitados a una fiesta, pero entre ellos pueden camuflarse enemigos capaces, súbitamente, de quitarse el disfraz y adueñarse de los anfitriones y de su patrimonio.
Por decirlo de otro modo: Tenemos un sistema de reconocimiento de posibles enemigos como si de un sistema autoinmune mental se tratara. En estos tiempos, tal sistema falla masivamente como ese anciano decrépito que no reconoce ni a su familia íntima. Como lerdos criamos “tumores sociales” para sentirnos buenos y solidarios.
Lenin conocía bien este traspié del sistema inmunológico mental cuando afirmaba: “Ahorcaremos a los burgueses con las sogas que nos han vendido”.
Dejemos de ser ilusos. Los yihadistas más peligrosos han dejado de cometer atentados masivos porque se descubren como enemigos. Tienen mayor riesgo los más suaves aguardando el tiempo en que la desproporción demográfica a su favor haya invadido silenciosamente nuestro país e imponga su Ley. Mientras, fraternizan y el tumor crece. “¡Bonito, barato!”.
Y despertaremos una noche de Luna creciente, perplejos al comprobar que ya no nos rige nuestro viejo Derecho romano, sino la barbarie encarnada en la Sharía.

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