ANTIGUOS SICOFANTES Y ACTUALES DELATORES MEDIÁTICOS

3333higo.jpg

Las democracias que algunos consideran como el menos malo de los sistemas políticos desde sus inicios en Grecia mostró sombras que, pasados dos milenios y medio, sobreviven bajo otras formas.

Solemos preguntarnos: ¿cómo es posible que una Asamblea popular condenara a muerte a Sócrates, un hombre estimado como uno de los más sabios y honestos de la Humanidad? Hay una  respuesta. Para llevar a cabo semejante crimen un falso acusador y adláteres sobornados urdieron con falacias la insólita imputación:  Sócrates era un corruptor de la juventud.

Hechos semejante nos obligan a considerar, de forma realista, que las democracias no son siempre panaceas. Para explicar esta realidad tenemos que recurrir a una figura repugnante que abundaba en las democracias griegas. La del sicofante. El término proviene del griego sykofántè.  A veces también llamado sicofanta,  del latín sycophanta. Ambos términos son válidos en español y aluden a una clase de delator aborrecible. El sicofante no era un delator cualquiera. Se trataba de una persona sin escrúpulos que por  dinero y arropado por compinches urdían tramas y añagazas denunciando ante los tribunales  a los enemigos políticos de sus amparadores. Tengamos en cuenta que la figura del fiscal acusador no existía en aquellos tiempos, de modo que cualquier ciudadano podía denunciar a otro aportando las pruebas necesarias. La labor del sicofante consistía en aportar pruebas falsas tramadas en compañía de testigos falaces.

Es interesante recabar sobre el origen del término. Se compone de la palabra griega sycon que significa higo y phainós, cuyo significado equivale al de revelador o descubridor. La conclusión ingenua de la mayoría de los traductores es que el término tiene su origen en los contrabandistas de higos. Explicación absurda puesto que los higos abundaban en toda Grecia y en especial en Atenas y no tiene por qué aplicarse a un delator mercenario. Se corresponde con un hecho más razonable. A poca distancia de Atenas se encontraba el Santuario de Eleusis donde se celebran las Iniciaciones más importantes de Grecia. En ellas se revelaba a los neófitos las verdades que se ocultan tras los símbolos y los mitos. La revelación se apoyaba mediante  un bebedizo llamado Kykeion, altamente alucinógeno e inductor de trances místicos. A los Misterios eleusinos se llegaba en procesión a lo largo de un camino que partía de Atenas. A la entrada de Eleusis podía verse una inmensa higuera considerada sagrada como  tantas higueras en el mundo Antiguo por ser extremadamente pródiga en frutos, luego se asociaba al poder de la vida manifestada en la madre naturaleza. Los higos evocaban los órganos genitales femeninos, lo que le concedida un valor simbólico en consonancia con Deméter, diosa de  la fecundidad que presidía los ritos eleusinos. Los iniciados en dichos Misterios  estaban obligados por juramento a guardar secreto sobre sus enseñanzas. Quien se atreviera a delatar sus ritos y enseñanzas era castigado con la pena de muerte. Por tanto, el término sicofante se aplicaba a aquellos que revelaban los secretos de Eleusis simbolizados por los higos, frutos de la higuera de Deméter. Explicación muy alejada del absurdo contrabando de higos. El término se trasladó a quienes revelaban públicamente los supuestos secretos delictivos de una persona. Con este breve comentario hemos querido restituir el genuino sentido etimológico del término “sicofante”, diluido por el tiempo donde la literalidad ha corroído lo simbólico, clave de los más altos conocimientos en la Antigüedad.

Los sicofantes se cebaban contra los ricos. Provenían de las capas sociales más bajas donde la pobreza y la incultura eran el caldo de cultivo de la  canallesca. Demóstenes los llamó “perros del pueblo”. Sus víctimas eran innumerables. Los sicofantes no sólo arruinaron el patrimonio de las personas sino, también, su reputación, arrastrando a algunos al suicidio. Plutarco narra cómo ilustres filósofos como Cármides fueron moralmente destruidos por sicofantes. También Critias y Critón y, volvemos a mencionarlo, acabaron con la vida del propio Sócrates. Los sicofantes no se limitaban a la delación ante las asambleas, sino que hacían correr rumores sobre sus víctimas acosándolas de infundios, a veces persiguiéndolas cobardemente (en grupo, claro)  por la calle o a las puertas de sus domicilios bajo una lluvia de insultos y escupitajos. Los sicofantes llegaron a ser una plaga en las Ciudades Estado griegas. Simónides afirmó: “Es tan difícil hablar de democracia sin sicofantes, como encontrar una cogujada (pájaro parecido a la alondra) sin penacho”.

¿Y ahora, en nuestros tiempos, han desaparecido los sicofantes? ¡N0! Sin duda el lector ya habrá asociado algunas de sus prácticas, por ejemplo, con los escraches. Pero hay más. En la actualidad, el sicofante es aún peor, añadiendo a su maldad la mayor de las cobardías. Delatan con pruebas obtenidas mediante escuchas o grabaciones, de forma anónima, filtrándolas a los medios a despecho de las vías legales. De este modo, el primer paso de la delación llega al público en masa, siempre dispuesto a tirar no sólo la primera piedra, sino todas las que forman un pedregal. ¿Dónde está entonces la democracia? Estamos ante el populismo más bastardo. Algunos medios, en nombre de la libertad de expresión, se convierten en colaboradores de los sicofantes. Se enorgullecen, ya que contribuyendo a esta clase de proceder su poder se acrecienta en relación al Judicial. Por este motivo se pone en duda de que en estos tiempos sea el cuarto poder ya que en muchos casos se sitúa en los primeros puestos desplazando especialmente el poder Judicial

Dicho esto, tenemos que hacer una precisión. Un sicofante no es un espía que busca información para favorecer al gobierno para el que trabaja. Tampoco es un soplón procedente del hampa, que informa a la policía para que esta lleve a cabo una pesquisa que pueda conducirles hasta determinados delincuentes. Tampoco es un hacker, persona en desacuerdo especialmente con determinados estamentos gubernamentales, que logra extraer información por vía cibernética para luego divulgarla públicamente en nombre de su flamante y anónimo “activismo”.

Resumimos: el sicofante actual tiene por objetivo destruir la reputación, la vida privada y pública de un individuo como en la Antigua Grecia. Lo consigue arrancando pruebas irrefutables filtradas posteriormente a la prensa para su divulgación, dejando de lado las vías legales, en este caso la acusación fiscal ante un juzgado, propia de un sistema democrático.

escrache

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s